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Leer El principito de Antoine de Saint-Exupéry

  • Índice
  • Dedicatoria———————————————————–4
  • Personajes————————————————————5
  • Parte 1: Cómo me hice piloto———————————————–7
  • Parte 2: Cómo conocí al principito-—————————————-11
  • Parte 3: El planeta del principito——————————————-17
  • Parte 4: Viaje del principito————————————————–33
  • Parte 5: el principito en la Tierra——————————————-65
  • Parte 6: el último día del principito —————————————82
  • Parte 7: seis años después—————————————————92

Dedicatoria

Le dedico este libro a Léon Werth. Léon Werth es una persona grande. Pido perdón a los niños por dedicar el libro a una persona grande.

Tengo 3 razones importantes para dedicarle este libro:

  1. Primero: León Werth es mi mejor amigo.
  2. Segundo: Pasa hambre y frío, y por eso necesita amor y consuelo.
  3. Tercero: Puede entenderlo todo. Incluso entiende los libros para niños. En realidad, todas las personas grandes fueron niños, aunque pocas lo recuerdan.

Así que cambio la dedicatoria:

Le dedico este libro a Léon Werth, cuando era niño.

5 Personajes

Los diálogos están escritos con diferentes colores para identificar más facilmente quién es el personaje que está hablando:

  1. Yo, el aviador Principito
  2. Flor del principito
  3. Rey Vanidoso
  4. Bebedor
  5. Hombre de negocios
  6. Farolero
  7. Geógrafo
  8. Serpiente
  9. Flor de la Tierra
  10. Zorro

el principito

Parte 1:

 

Cómo me hice piloto. Cuando yo tenía 6 años, leí un libro sobre los animales de la selva. Ese libro explicaba que las boas se tragan a sus presas sin masticarlas. Después de comer,
pasan 6 meses sin moverse para hacer la digestión. Pensé mucho sobre la selva y las boas e hice el primer dibujo de mi vida.

Era este, mi dibujo número 1:
Enseñé mi dibujo a las personas grandes y les pregunté si les asustaba, pero pensaban que era un sombrero y no entendían mi pregunta. Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas, y es agotador para los niños, tener que darles explicaciones siempre.

Una boa es una serpiente que mide unos 10 metros. Estrangula a sus presas y se las traga enteras. Así que hice mi dibujo 2 para aclarar que se trataba de una boa que se come un elefante.

Este es el dibujo número 2:

Las personas grandes me aconsejaron que pensara más en la geografía, la historia y el cálculo. Así que abandoné la idea de ser pintor. Tenía que elegir otro oficio y me hice piloto de aviones. He volado un poco por todo el mundo y la geografía, en efecto, me ha servido de mucho; al primer vistazo podía distinguir perfectamente la China de Arizona.

Esto es muy útil, sobre todo si se pierde uno durante la noche. A lo largo de mi vida he tenido multitud de contactos con multitud de gente seria. Viví mucho con personas mayores y las he conocido muy de cerca; pero esto no ha mejorado demasiado mi opinión sobre ellas.

Cuando me he encontrado con alguien que me parecía un poco lúcido, lo he sometido a la experiencia de mi dibujo número 1 que he conservado siempre. Quería saber si verdaderamente era un
ser comprensivo. E invariablemente me contestaban siempre: «Es un sombrero». Me abstenía de hablarles de la serpiente boa, de la selva virgen y de las estrellas. Poniéndome a su altura, les hablaba del bridge, del golf, de política y de corbatas. Y mi interlocutor se quedaba muy contento de conocer a un hombre tan razonable.

Siempre llevaba conmigo mi dibujo número 1 y cuando conocía a una persona grande que me parecía más espabilada, le enseñaba el dibujo. 10

Pero la persona grande siempre pensaba que mi dibujo era un sombrero. Así que yo me ponía a su altura y le hablaba de política y corbatas. La persona grande pensaba que yo era un adulto muy razonable y se quedaba contenta.

Durante mucho tiempo viví bastante solo, porque no tenía a nadie con quien hablar de cosas importantes. En realidad, yo soy un poco como las personas grandes.  Doy demasiadas explicaciones.
Debo de haber envejecido. Escribo todo esto para recordar a un amigo. Es muy triste olvidar a un amigo. No todo el mundo ha tenido uno.

Leer el principito. Parte 2: Cómo conocí al principito

Hace 6 años, estaba volando sobre el desierto del Sahara y se estropeó el motor de mi avión. Estaba completamente solo. No tenía mecánico ni pasajeros. Tenía que reparar el avión yo mismo
y solo tenía agua para 8 días. Era una cuestión de vida o muerte.

La primera noche me quedé dormido sobre la arena a miles de kilómetros de cualquier lugar habitado. Me sentía como un náufrago en medio del océano. Os podéis imaginar mi sorpresa cuando me despertó una extraña vocecita que me dijo:— Por favor, ¡dibújame un cordero! Di un respingo y me froté los ojos.

Vi una personita extraordinaria que me miraba fijamente. Esa personita no parecía asustada, ni hambrienta, ni sedienta ni tenía miedo. No parecía alguien perdido en medio del desierto. Este es el mejor retrato que hice de él.

Mi dibujo no es tan fascinante como la persona real. Pero no es culpa mía, las personas grandes me desanimaron y dejé de dibujar. Solo aprendí a hacer elefantes dentro de boas. Cuando me recuperé de la sorpresa pregunté a esta personita: yo — ¿Qué haces aquí?

Pero no contestó. Me volvió a pedir: — Por favor, dibújame un cordero. Como si fuera una cosa muy seria. El misterio de esa petición era tan grande, que no pude desobedecer.
Como no sabía dibujar, dibujé lo único que había dibujado en toda mi vida: la boa que se come un elefante.

Aquella personita me dijo: — ¡No! Eso es un elefante dentro de una boa. Mi casa es muy pequeña, no cabe un elefante y las boas son peligrosas. Dibújame un cordero. Me quedé muy sorprendido, nadie había entendido nunca mi dibujo.

Así que dibujé un cordero: Aquella personita lo miró con atención y me dijo: personita — ¡No! Este cordero está muy enfermo. Haz otro. El siguiente cordero que dibujé tampoco le gustó
porque decía que tenía cuernos y que no era un cordero, que era un carnero. Un carnero es el macho adulto de la oveja.

El tercer cordero que dibujé era demasiado viejo y él quería un cordero que viva mucho tiempo. Se me acabó la paciencia, así que dibujé una caja y le dije: yo — Tu cordero está dentro de esta caja.
Aquella personita sonrío feliz y dijo: personita — ¡Es exactamente como lo quería! Me quedé muy sorprendido.

Me preguntó: personita — ¿Crees que este cordero necesita mucha hierba? Es que en mi casa todo es muy pequeño. Y así fue cómo conocí al principito.

Leer el principito: Parte 3:

  • El planeta del principito
  • Los baobabs
  • Los volcanes
  • Las puestas de sol
  • La flor

Los días pasabanmientras yo reparaba el motor y hablaba con el principito. Un día, el principito miró mi avión y me preguntó: principito — ¿Qué es eso? yo — Es un avión. Sirve para volar.
principito — Entonces, ¿tú también has venido de otro planeta?

Cuando me hizo esa pregunta, todo me pareció más claro. Y le pregunté: yo — Así que, tú vienes de otro planeta, ¿verdad? Pero no me contestó. El principito nunca renunciaba a una pregunta
y nunca contestaba las mías. Necesité mucho tiempo para saber de dónde venía.

El principito cogió el cordero que yo le había dibujado y lo miró. El principito — Me gusta la caja del cordero porque puede ser su casa de noche. yo — También te puedo dibujar
una cuerda y un palo para que lo ates. Esa idea parecía disgustar al principito.

El principito — ¿Atarlo? ¿Para qué? yo — Para que no se escape. El principito se echó a reír y dijo: — No importa, donde yo vivo es muy pequeño. Aunque camines y camines, nunca puedes ir muy lejos.

Así supe que su planeta era muy pequeño, casi tanto como una casa. Tengo serías razones para pensar que el principito vive en el asteroide B12. Un asteroide es un planeta muy pequeño. Puede ser tan pequeño como una roca.

La verdad es que existen muchos asteroides que no tienen nombre porque son muy pequeños. Cuando un astrónomo descubre uno, le pone un número o un código. Explico cuál es el número del asteroide para las personas grandes. Las personas grandes aman los números. Cuando le hablas de un amigo nuevo, nunca te preguntan lo importante.

Como, por su tono de voz o si colecciona mariposas. Te preguntan qué edad tiene, cuántos hermanos tiene o cuánto pesa. Un astrónomo es una persona que estudia las estrellas, los planetas
y todo lo que contiene el Universo.

Los baobabs

Cada día conocía un poco más sobre la vida del principito. El tercer día descubrí el drama de los baobabs. El principito me preguntó muy serio si los corderos comían arbustos.

Yo le dije que sí y él se puso muy contento. principito — Entonces, ¿los corderos también comen baobabs?

Yo le expliqué que los baobabs no son arbustos, son árboles gigantescos. principito — Pero, primero son pequeños y luego crecen, ¿verdad? Mi cordero se los puede comer cuando todavía son pequeños. yo — Eso es cierto.

Pero ¿por qué es tan importante que tu cordero coma baobabs? principito — ¡Es evidente! Un baobab es un tipo de árbol que crece en África. Puede medir hasta 10 metros de alto. El principito no explicó nada más y yo tuve que pensar bastante para entender el problema. El planeta del principito es muy pequeño.

Si un baobab crece, puede invadir todo el planeta y hacerlo estallar con sus raíces. Esto es lo que pasa cuando un baobab crece: Me esforcé mucho en hacer este dibujo porque es importante prevenir a la gente sobre el peligro de los baobabs.

Si os perdéis en un asteroide, no olvidéis lo peligrosos que son. Por eso, todas las mañanas, después de asearse, el principito limpia su planeta y arranca todos los brotes de baobabs que crecen entre la hierba.

El principito me explicó que era una tarea muy aburrida, pero muy fácil. Hay que tener cuidado para no confundir los brotes de baobabs con los brotes de flores. Un brote es una planta cuando está naciendo y es muy pequeña.

Los volcanes En el planeta del principito, había tres volcanes. Todos los días el principito los deshollinaba. Si los volcanes están bien limpios, sus erupciones son pequeñas como el fuego de una chimenea.

El principito utiliza el calor de los volcanes para calentar el desayuno por las mañanas. Las personas somos demasiado pequeñas para deshollinar los volcanes de la Tierra, por eso provocan tantas catástrofes. Deshollinar significa limpiar una chimeneao un volcán de ceniza.

Las puestas de sol El cuarto día, el principito me dijo: — ¡Me encantan las puestas de Sol!

Vamos a ver una. yo — Pero tenemos que esperar a que el Sol se ponga. El principito me miró sorprendido. — Es verdad, ¡me olvidé de que no estoy en mi hogar! El planeta del principito es tan pequeño que para ver una puesta de sol, solo tenía que caminar unos pasos. El principito me explicó que las puestas de sol son muy agradables cuando estás triste.

Un día vio 43 puestas de sol. Yo le pregunté si estaba muy triste ese día, pero él no me contestó.

La flor

El quinto día conocí un nuevo secreto de la vida del principito. — Si un cordero come arbustos, ¿también come flores? Me lo preguntó de manera brusca.

Parecía que había meditado sobre ello durante mucho tiempo. yo — Un cordero come todo lo que encuentra.

El principito — ¿Incluso las flores con espinas? yo — Sí, también las flores con espinas. El principito — Entonces, ¿para qué sirven las espinas? Yo no lo sabía y además, estaba ocupado arreglando mi avión También estaba muy preocupado porque el agua se acabaría pronto.

No me di cuenta de lo preocupado que estaba el principito. Como yo no respondía a su pregunta, el principito insistió: — Entonces, ¿para qué sirven las espinas? El principito nunca renunciaba a una pregunta.
Yo le contesté molesto: — Las espinas no sirven para nada. Las flores solo las tienen porque son malvadas. El principito se quedó callado durante un rato y luego me dijo con rencor: — No te creo.
Las flores son ingenuas y débiles. Se protegen como pueden.

Yo no le respondí nada. Estaba molesto porque no conseguía reparar el motor de mi avión. El rencor es un sentimiento que sucede cuando alguien te ha hecho daño y no le has perdonado. El principito me volvió a interrumpir y le grité: — ¡No lo sé! ¡Te he contestado lo primero que se me ha ocurrido! ¡Yo me ocupo de cosas serias!

El principito me miró extrañado. — ¿Cosas serias? El principito me observaba. Yo tenía un martillo, las manos sucias y me inclinaba sobre el motor, que a él le parecía muy feo. El principito — ¡Hablas como las personas grandes! Me avergonzó que pensara eso. Y añadió: — ¡Lo confundes todo! ¡Lo mezclas todo!

El principito estaba realmente enfadado. — Conozco un planeta donde hay un señor que nunca ha olido una flor, que nunca ha mirado una estrella y que nunca ha amado a nadie. Solo sabe hacer sumas y repite sin parar que es un hombre serio, igual que tú.

Pero no es un hombre, ¡es un hongo! El principito seguía hablando, rojo de ira: — Desde hace millones de años las flores tienen espinas. Desde hace millones de años, los corderos se comen las flores a pesar de las espinas. ¿No te parece una cosa seria entender por qué las flores fabrican espinas si no sirven para nada?

El principito — ¿Qué es más importante, esta guerra entre flores y corderos o las sumas de aquel señor? Yo tengo una flor que es única en el mundo. Solo existe en mi planeta.

Un cordero se puede comer mi flor, ¿y eso no es importante? El principito no pudo decir nada más. Rompió a llorar. Ya no me importaba mi motor, ni la sed, ni la muerte. Había un principito que necesitaba consuelo. Abracé al principito y lo acuné. Le dije:— Dibujaré un bozal para el cordero, y una armadura para proteger a la flor.

Dibujaré lo que necesites. No sabía que más decir. No sabía cómo consolarlo. El país de las lágrimas es muy misterioso. El principito me contó la historia de su flor.

Una mañana descubrió un brote de hierba diferente. El principito observó el brote con atención, preocupado por si era un brote de baobab. Después de muchos días, nació una flor muy hermosa,
y también muy coqueta. La flor eligió sus colores y se vistió con cuidado. El principito estaba maravillado por la belleza de la flor, pero enseguida se dio cuenta de que era un poco vanidosa.

La flor pedía muchos cuidados al principito. También decía que era tan valiente que no tenía miedo a enfrentarse a un tigre. Algunas veces la flor se inventaba mentiras para impresionar al principito. Llegó un día en que el principito se cansó de vivir con una flor tan vanidosa y decidió marcharse de su planeta.

El principito decidió dejar su planeta y viajar por el universo para aprender y conocer otras ocupaciones.

Parte 4: Viaje del principito

  • Planeta 1
  • Planeta 2
  • Planeta 3
  • Planeta 4
  • Planeta 5
  • Planeta 6
  • Planeta 7

Planeta 1: el rey que daba órdenes.

En el primer planeta que el principito visitó, vivía un rey. El rey vio al principito y dijo, orgulloso de tener un súbdito por fin: — ¡Ah, un súbdito! El rey nunca había visto al principito, pero para un rey todas las personas son súbditos.

Un súbdito es un ciudadano de un país gobernado por un rey. El rey daba todo el tiempo órdenes. El rey prohibió bostezar al principito, pero como estaba cansado y no podía evitarlo, el rey le ordenó que bostezara.

El principito pidió permiso para sentarse y el rey le ordenó sentarse. El planeta del rey era minúsculoy el principito sorprendido preguntó al rey: principito — Perdone que le pregunte,
mi señor, pero ¿sobré qué reina? El rey ordenó al principito que le preguntara y respondió: —Sobre todo. Mientras señalaba las estrellas y los otros planetas. Era un rey universal.

El principito le preguntó: — ¿Y las estrellas obedecen? rey — Por supuesto. No tolero la desobediencia. El principito — Me gustaría ver una puesta de sol.

¿Ordenará al Sol que se ponga, majestad? rey — Muy bien, tendrás tu puesta de Sol. Pero esperaré a que las condiciones sean adecuadas. Esta noche, a las 8 menos 20, ordenaré al sol que se ponga. El principito se puso triste.  — ¿Por qué no lo ordena ahora?

¿Ordenará al Sol que se ponga, majestad? rey — Muy bien, tendrás tu puesta de Sol. Pero esperaré a que las condiciones sean adecuadas. Esta noche, a las 8 menos 20, ordenaré al sol que se ponga. El principito se puso triste.  — ¿Por qué no lo ordena ahora?

El rey — Hay que exigir a cada uno lo que cada uno puede hacer. Tengo derecho a pedir obediencia porque mis órdenes son razonables. principito — No tengo nada más que hacer aquí. ¡Voy a marcharme! El rey estaba muy orgulloso y feliz de tener un súbdito e intentó que el principito se quedara.

El rey — Si te quedas, te nombro ministro. principito — ¿Ministro de qué? rey — De Justicia. principito — Pero si en este planeta no hay nadie más. No puedo juzgar a nadie. rey — Puedes juzgarte a ti mismo. Eso es lo más difícil de todo.

El principito sintió lástima del rey y le dijo: principito — Si su majestad desea que le obedezcan, puede ordenarme que me vaya. Creo que las condiciones son adecuadas. Cuando el principito se iba del planeta, el rey le gritó: El rey — ¡Te hago embajador! El principito pensó que las personas grandes son muy extrañas.

El embajador de un país representa a ese país en el extranjero y se relaciona con los políticos de otros países.

Planeta 2: el vanidoso que pedía aplausos.

En el segundo planeta que visitó el principito vivía un hombre vanidoso.

Vanidoso — Un admirador viene a visitarme. Dijo el vanidoso cuando vio al principito. Para un vanidoso, todas las otras personas son admiradoras. El principito le dijo: principito — Buenos días. ¡Tienes un sombrero muy raro! vanidoso — Es para saludar a los admiradores.

La pena es que nadie viene nunca. Aplaude y verás qué pasa. El principito aplaudió y el vanidoso saludó con su sombrero. Esto parece más divertido que la visita al rey, pensó el principito. Pero después de 5 minutos se aburrió y le preguntó al vanidoso: principito — ¿Qué puedo hacer para que el sombrero se caiga?

El vanidoso no le escuchó. Los vanidosos solo escuchan alabanzas. Una alabanza es un comentario positivo hacia las cualidades de otra persona. 40 vanidoso — ¿Me admiras mucho, verdad? principito — ¿Qué significa admirar? vanidoso — Quiere decir que piensas que soy la persona más rica, más hermosa, más elegante y más inteligente del planeta.

El principito — ¡Pero si eres la única persona del planeta! vanidoso — Por favor, admírame de todas maneras. principito — Bueno, te admiro, pero no entiendo para qué sirve. El principito se marchó del planeta.

Durante su viaje el principito pensaba: sin duda, las personas grandes son muy extrañas.

Planeta 3: el bebedor que tenía vergüenza

En el planeta 3 vivía un bebedor. El bebedor estaba sentado en silencio. Tenía delante muchas botellas.

Algunas botellas estaban vacías y otras botellas estaban llenas. 42 principito — ¿Qué haces aquí? bebedor — Bebo. principito — ¿Por qué bebes? bebedor — Bebo para olvidar. principito — ¿Para olvidar el qué? bebedor — Para olvidar que tengo vergüenza. principito — ¿Vergüenza de qué? bebedor — Vergüenza de beber.

El principito sintió compasión por el bebedor, pero estaba confuso. No sabía cómo ayudarle. Fue una visita muy corta pero triste. Las personas grandes son muy, pero que muy extrañas, seguía pensando el principito.

Planeta 4: el hombre de negocios que compraba estrellas

En el planeta número 4 vivía un hombre de negocios. Cuando el principito llegó, estaba sentado y hacía cuentas. Tenía un cigarro apagado entre los labios.

El hombre de negocios estaba tan concentrado que no levantó la cabeza de sus cuentas cuando el principito le dijo: principito — Buenos días. El hombre de negocios — 3 + 2 son 5. Buenos días. 5 + 7 son 12. principito — Tu cigarrillo está apagado hombre de negocios — 15 + 7 son 22.

No tengo tiempo para encenderlo. La suma total es de quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y uno . principito — ¿Quinientos millones de qué? hombre de negocios — ¡Eh! ¿Pero sigues ahí? No me molestes con tonterías, soy un hombre serio y tengo mucho trabajo. 2 y 5 son 7. 45

El principito nunca renunciaba a una pregunta, así que insistió: principito — ¿Quinientos millones de qué? El hombre de negocios levantó la cabeza. hombre de negocios — Habito este planeta desde hace 54 años y durante ese tiempo solo me han molestado 3 veces.

La primera vez fue hace 22 años, un abejorro con su espantoso ruido. Cometí 4 errores en una suma. La segunda vez fue hace 11 años, tuve un ataque de reumatismo. Me hace falta más ejercicio, no tengo tiempo para moverme. Y la tercera vez, ¡ahora mismo! Tú y tus preguntas. ¿Qué estaba diciendo?

El reumatismo es una enfermedad que provoca dolor en las articulaciones. Por ejemplo, en los codos. Renunciar es dejar de hacer algo porque crees que no lo puedes conseguir. 46 principito — ¿Quinientos millones de qué? El hombre de negocios se dio por vencido. hombre de negocios — Quinientos millones de esas cositas que se ven en el cielo. principito — ¿De moscas? hombre de negocios — No, de esas cositas que brillan.

El principito — ¿Abejas? hombre de negocios — ¡No! Cositas doradas que vuelven locos a los perezosos. principito — ¡Ah! ¿Estrellas? hombre de negocios — Eso es, estrellas. hombre de negocios — Quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y uno, para ser exactos. Yo soy serio y exacto.

El principito — ¿Y qué haces con tantas estrellas? Preguntó el principito, que nunca renunciaba a una pregunta. hombre de negocios — Nada, las poseo. principito — Yo he visto un rey que lo posee todo. hombre de negocios — Los reyes no poseen. Los reyes reinan.

Es muy diferente. El principito — ¿Para qué te sirve tener estrellas? hombre de negocios — Para ser rico. principito — ¿Y para qué te sirve ser rico? hombre de negocios — Para comprar otras estrellas. El principito pensó que el hombre de negocios se parecía un poco al bebedor. Tampoco entendía su razonamiento.

Poseer algo es ser su dueño. El principito — ¿Cómo puedes poseer estrellas? ¿Qué haces con ellas? hombre de negocios — Cuando encuentras un diamante que no es de nadie, es tuyo. Pues las estrellas no son de nadie y yo soy el primero en darse cuenta, así que son mías.

Las admiro y las cuento una y otra vez. El principito no estaba satisfecho con la explicación: principito — Cuando yo poseo una flor, puedo cogerla. ¡Puedo tú no puedes llevarte las estrellas! hombre de negocios — No, pero puedo depositarlas en el banco. principito — ¿Qué quiere decir eso?

El hombre de negocios — Quiere decir que escribo en un papel el número de estrellas que poseo. Después, meto el papelito en un cajón y lo cierro con llave. El principito — ¿Y eso es todo? hombre de negocios — Es suficiente. El principito pensó que poseer estrellas era divertido y poético, pero no serio.

El principito y las personas grandes tenían una idea muy diferente sobre qué son las cosas serias. principito — Yo poseo una flor y la riego todos los días. También poseo 3 volcanes que deshollino todas las semanas. Yo soy útil para mi flor y para mis volcanes, pero tú no eres útil a las estrellas.

El hombre de negocios quiso contestar, pero no encontró respuesta y el principito se fue de ese planeta. El principito pensó que no había ya duda: las personas grandes son muy raras. Algo es poético cuando es bello y espiritual.

Planeta 5: el farolero que no dormía

El planeta número 5 era muy extraño. Era el planeta más pequeño de todos los que visitó el principito. Solo había espacio para una farola y un farolero. El farolero es la persona que trabaja encendiendo y apagando las farolas. 51 El farolero apagó la farola. El principito se acercó y preguntó: principito — Buenos días, ¿Por qué has apagado la farola? farolero — Porque es la norma.

Buenas noches. El farolero volvió a encender la farola. El principito — ¿Por qué lo has vuelto a encender? farolero — Porque es la norma. principito — No lo entiendo. farolero — No hay nada que entender. Es así. Buenos días. 52 El farolero se secó el sudor de la frente con un pañuelo de cuadros rojos. farolero — Tengo un oficio terrible.

Antes apagaba la farola por la noche y lo encendía por la mañana. Podía descansar el resto del tiempo. principito — Y ahora, ¿la norma ha cambiado? farolero — ¡La norma es la misma! Pero este planeta cada vez gira más rápido. y la noche y el día duran solo un minuto.

No tengo ni un minuto de descanso. ¡Hace un mes que tú y yo estamos hablando! Buenas noches. principito — ¿Un mes? farolero — Sí, ¡30 minutos son 30 días! Buenos días. Al principito le gustó que el farolero sea tan fiel a la norma.

El principito recordó que en su planeta podía moverse para ver una puesta de sol siempre que quería y le dijo al farolero: principito — Tu planeta es tan pequeño que puedes recorrerlo en tres pasos. Si caminas despacio, puedes perseguir el sol y descansar sin encender y apagar la farola cada minuto.

El farolero — Eso no me ayuda mucho, dormir es lo que me gusta en la vida. principito — Qué mala suerte. farolero — Sí, qué mala suerte. Buenas noches. Y el farolero apagó la farola.

El principito se preguntó: ¿para qué sirven una farola y un farolero en un planeta donde no vive nadie? Y pensó que todos los demás le despreciarían, el rey, el vanidoso, el bebedor y el hombre de negocios. Pero es el único que no parece ridículo. Su oficio tiene sentido porque se ocupa de algo diferente a sí mismo.

El principito se fue de ese planeta y suspiró triste por alejarse del farolero. Es el único hombre que le gustaba como amigo, pero su planeta es realmente muy pequeño. No cabían los 2. Todo esto se decía el principito. Había una cosa que el principito no se atrevía a admitir.

Lo que más le gustaba era el planeta: ¡Había mil cuatrocientos cuarenta puestas de sol cada 24 horas! 55

Planeta 6: el geógrafo que no exploraba

El planeta número 6 era un planeta 10 veces más grande que el planeta del farolero. En este planeta vivía un señor que escribía libros enormes.

Cuando el señor vio al principito exclamó: señor — ¡Qué bien, un explorador! El principito estaba cansado, se sentó sobre la mesa y resopló. El señor le preguntó de dónde venía pero el principito no contestó. En vez de eso, preguntó: principito — ¿Qué es ese libro? ¿Qué haces aquí? geógrafo — Soy geógrafo.

El principito — ¿Qué es un geógrafo? geógrafo — Un geógrafo es un sabio que sabe dónde están los mares, los ríos, las ciudades, las montañas y los desiertos. principito — ¡Por fin un verdadero oficio! Un sabio es una persona que sabe mucho de un tema 57 El principito echó un vistazo a su alrededor. Nunca había visto un planeta tan magnífico.

El principito — Tu planeta es muy bello. ¿Tiene océanos? geógrafo — No puedo saberlo. principito — ¿Y tiene montañas? geógrafo — No puedo saberlo. principito — ¿Y tiene ciudades, ríos y desiertos? geógrafo — Tampoco puedo saberlo. El principito estaba decepcionado. principito — ¡Pero tú eres geógrafo! geógrafo — Sí, pero no soy explorador. El geógrafo es demasiado importante para ir de aquí para allá.

El geógrafo recibe a los exploradores y toma nota de lo que han visto. 58 geógrafo — Si algún explorador ha visto algo interesante, el geógrafo se informa sobre la moralidad del explorador. principito — ¿Por qué? geógrafo — Para que no haya errores en los libros de geografía.

Por ejemplo, si un explorador bebe mucho puede ver una montaña 2 veces. El principito pensó que el bebedor del planeta 3 no sería un buen explorador. El geógrafo continuó con la explicación: geógrafo — Si el explorador es de fiar, compruebo si el descubrimiento es real. principito — ¿Vas a verlo? geógrafo — No, eso es demasiado complicado. Le ordeno al explorador que me traiga pruebas.

Por ejemplo, si el explorador descubre una montaña muy grande, me tiene que traer piedras muy grandes. Moralidad es la cualidad de una persona que permite diferenciar entre el bien y el mal. De repente, el geógrafo se emocionó y le dijo al principito: geógrafo — ¡Tú vienes de muy lejos, eres explorador! ¡Cuéntame cómo es tu planeta!

El geógrafo abrió uno de los libros y sacó punta al lápiz. Los relatos de los exploradores se escriben con lápiz al principio. Cuando el explorador trae pruebas, el geógrafo los escribe de nuevo con tinta. El principito empezó a describir su planeta. principito — Mi planeta es muy pequeño.

Tengo tres volcanes. También tengo una flor. geógrafo — No tomo nota de las flores. principito — ¿Por qué? ¡Es lo más lindo! geógrafo — Porque las flores son efímeras. principito — ¿Qué significa la palabra efímera? 60 El geógrafo no respondió a la pregunta y siguió explicando: geógrafo — Los libros de geografía son los más valiosos. Nunca se pasan de moda. Es muy raro que una montaña cambie de sitio o que un océano pierda su agua.

Los geógrafos escribimos sobre cosas eternas. El principito — ¿Qué significa la palabra efímera? Repitió el principito, que no había renunciado a una pregunta en toda su vida. geógrafo — Significa que puede desaparecer en poco tiempo. principito — ¿Mi flor puede desaparecer dentro de poco? geógrafo — Es bastante seguro.

El principito pensó que su flor era efímera, ¡solo tenía sus espinas para protegerse y él la había dejado sola! Al principito le entró nostalgia, pero encontró valor para seguir su viaje y le preguntó al geógrafo: principito — ¿Qué me aconsejas que visite? geógrafo — Ve a visitar el planeta Tierra. Tiene buena fama.

Y el principito se marchó mientras pensaba en su flor. Tener nostalgia es estar triste porque echas de menos un hogar o una persona querida 62 Planeta 7: la Tierra El último planeta que visitó el principito fue la Tierra. Os voy a contar algunas cosas de la Tierra que el principito todavía no conocía.

La Tierra no es un planeta cualquiera. En la Tierra hay ciento once reyes, incluidos los reyes negros, siete mil geógrafos, novecientos mil hombres de negocios, siente millones y medio de bebedores, trescientos once millones de vanidosos. En total, en la Tierra hay unos dos mil millones de personas grandes. Para que os hagáis una idea de lo grande que es la Tierra, os diré que necesitaban un ejército de faroleros. Antes de que existiera la electricidad, claro.

Había casi medio millón de faroleros. Los faroleros actuaban por turnos. Primero actuaban los faroleros de Australia y de Nueva Zelanda. Encendían sus farolas y se iban a dormir. Después era el turno de los faroleros de China y de Siberia. Luego los faroleros de África y Europa.

Les seguían los faroleros de América del Norte y América del Sur. En el Polo Norte y el Polo Sur, los faroleros tenían una vida más cómoda. Trabajaban solo dos días al año. Los faroleros del planeta Tierra nunca se equivocaban. Era un espectáculo grandioso. Parecían los bailarines de un ballet. 64 La verdad, es que he exagerado un poco. La Tierra es un planeta muy grande, pero los hombres no ocupamos tanto.

Si todos los hombres de la Tierra se ponen de pie y están apretados, caben en la isla más pequeña del océano Pacífico. Si contáis esto a las personas grandes, seguro que no os creerán. Se imaginan que ocupan mucho espacio. Se creen muy importantes, como los baobabs. No intentéis convencerlas. Es un esfuerzo inútil. 65

Parte 5: el principito en la Tierra

  • La serpiente
  • Una flor
  • El eco
  • Las flores y el zorro 

La serpiente

Cuando el principito llegó a la Tierra, se quedó muy sorprendido de no ver a nadie. Tuvo miedo de haberse equivocado de planeta. Entonces, en la arena se movió un anillo fino del color de la Luna y plateado. principito — Buenas noches. serpiente — Buenas noches.

El anillo era una serpiente, pero el principito no lo sabía, nunca había visto una. El principito — ¿En qué planeta estoy? serpiente — En la Tierra, en África. principito — ¿No vive nadie en la Tierra? serpiente — Sí, pero estamos en el desierto.

Nadie vive en los desiertos. La Tierra es grande. El principito se sentó sobre una piedra y miró hacia el cielo. principito — Me pregunto si las estrellas están encendidas para que cada uno pueda encontrar la suya. Mira, mi planeta está justo sobre nosotros, pero al mismo tiempo, ¡Qué lejos está! serpiente — ¡Tu planeta es muy hermoso! ¿Por qué has venido hasta aquí? principito — He venido porque estoy disgustado con una flor. serpiente — ¡Ah! Se quedaron en silencio.

Después de un rato, el principito preguntó: principito — ¿Dónde están los hombres? Me siento solo en el desierto. serpiente — Con los hombres también te sientes solo. El principito miró un largo rato a la serpiente. principio — Eres un animal raro. Eres delgado como un dedo. serpiente — Pero soy más poderoso que el dedo de un rey. El principito sonrió: principito — No eres muy poderoso. No tienes patas y no puedes viajar. serpiente — Pero puedo llevarte más lejos que un barco.

La serpiente se enroscó alrededor del tobillo del principito. serpiente — A quien toco, lo devuelvo a la tierra de donde salió. Me das lástima, tú tan débil y puro, en esta Tierra de granito y roca. Si un día echas de menos tu planeta, yo puedo ayudarte. principito — Entiendo lo que quieres decir, pero ¿por qué hablas siempre con acertijos? serpiente — Los resuelvo todos.

Y se quedaron los 2 en silencio. Un acertijo es un tipo de adivinanza. Una flor El principito atravesó todo el desierto y solo se encontró con una flor. Era una flor de nada, tenía solo tres pétalos. principito — Buenos días. flor — Buenos días. principito — ¿Dónde están los hombres? La flor un día vio pasar una caravana y contestó: — Creo que existen 6 o 7 hombres.

Pero no se sabe dónde encontrarlos. No tienen raíces y se los lleva el viento. Les molesta mucho no tener raíces. principito — Adiós. flor — Adiós. 71 El eco El principito subió a una montaña muy alta. Las únicas montañas que conocía eran sus tres volcanes y le llegaban hasta la rodilla.

Pensó que podía ver todo el planeta desde una montaña tan alta y así encontraría a todos los hombres. Pero solo vio cumbres muy afiladas. El principito dijo, por decir algo: principito — Buenos días. Y el eco respondió: eco — Buenos días, buenos días, buenos días. principito — ¿Quién eres? eco — Quién eres, quién eres. principito — Vamos a ser amigos.

Estoy solo. eco — Estoy solo, estoy solo, estoy solo. La cumbre es la parte más alta de una montaña. El principito no sabía qué era el eco, así que pensó que estaba hablando con los hombres. ¡Qué raro es este planeta! Pensó el principito. Es un planeta seco, puntiagudo y salado.

Además los hombres no tienen imaginación, solo repiten lo que oyen. En mi planeta tenía una flor, y ella era siempre la primera en hablar. Las flores y el zorro Después de unos días, el principito encontró un camino por fin. Y lo siguió, porque los caminos llevan siempre a la casa de los hombres.

Llegó a un jardín lleno de rosas. El principito estaba desconcertado. Todas se parecían mucho a su flor. Su flor le había contado que era única en el mundo, pero en un solo jardín cabían cinco mil flores iguales a ella. Estás desconcertado cuando sucede algo inesperado y te sientes sorprendido o confuso.

Mi flor se sentiría humillada y ofendida si ve a tantas flores como ella. Pensó el principito. principito — No soy un gran príncipe, solo poseo 3 volcanes pequeños y una flor vulgar. El principito se tumbó en la hierba y lloró. Vulgar quiere decir que es muy común. 75 Entonces, apareció el zorro. zorro — Buenos días principito — Buenos días. ¿Qué eres? Eres muy lindo. zorro — Soy un zorro.

El principito — ¿Quieres jugar conmigo? ¡Estoy tan triste! zorro — No puedo jugar contigo, no me has domesticado. principito — ¡Ah! Perdón. 76 El principito reflexionó un poco y preguntó: principito — ¿Qué significa la palabra domesticar? zorro — Tú no eres de aquí. ¿Qué buscas? principito — Busco a los hombres. ¿Qué significa la palabra domesticar? zorro — Los hombres tienen fusiles y cazan. Eso no me gusta. También tienen gallinas.

Eso sí me gusta. ¿Tú buscas gallinas? principito — No, busco un amigo. ¿Qué significa la palabra domesticar? Repitió el principito, que nunca renunciaba a una pregunta. zorro — Domesticar significa crear vínculos. Para mí, tú eres un muchachito igual a miles de muchachitos. No te necesito. Para ti, yo soy un zorro igual a miles de zorros.

No me necesitas. Pero si me domesticas, seremos únicos el uno para el otro.  Un vínculo es una relación estrecha entre dos personas o animales.

El principito — Empiezo a entenderlo. Tengo una flor, creo que me ha domesticado. zorro — Es posible. Mi vida es siempre igual. Yo cazo gallinas, los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas me parecen iguales y todos los hombres también.

Pero si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Distinguiré tus pasos entre los pasos de todos los hombres. El trigo me recordará a tus cabellos color oro y amaré el ruido del viento en el trigo. 78 El zorro calló y miró al principito durante largo rato.

Luego dijo:  — ¡Por favor, domestícame! principito — Me gustaría domesticarte, pero no tengo tiempo. Tengo que buscar amigos y conocer muchas cosas. zorro — Solo se conocen las cosas que se domestican. Los hombres no tienen tiempo de domesticar nada.

Compran cosas hechas. Pero como los amigos no se pueden comprar, los hombres ya no tienen amigos. principito — ¿Qué tengo que hacer para domesticarte? zorro — Tienes que ser paciente. Al principio te sientas lejos de mí sin hablar, porque las palabras crean malentendidos. Cada día, te sientas un poco más cerca.

El principito volvió al día siguiente. zorro — Es mejor si vienes todos los días a la misma hora, porque así sabré cuando esperarte y me sentiré feliz. Los ritos son necesarios. principito — ¿Qué es un rito ? zorro — Es lo que hace que los días sean diferentes.

Es algo que los hombres han olvidado. El principito domesticó al zorro y el día de la despedida, el zorro se puso a llorar. principito — Tú me pediste que te domesticara. Es tu culpa estar triste. zorro — Sí, estoy triste. Pero he ganado mucho. Ahora el color del trigo significa algo para mí porque me recuerda a ti.

Un rito es una pequeña tradición que se repite para celebrar o recordar algo. 

Antes de despedirse, el zorro regaló un secreto al principito. Le dijo: zorro — Lo esencial es invisible a los ojos. Hay que mirar con el corazón. principito — Lo esencial es invisible a los ojos. Repitió el principito para no olvidarlo. zorro — El tiempo que perdiste con tu flor, hace que tu flor sea importante. principito — El tiempo que perdí con mi flor, hace que sea importante.

Repitió el principito para no olvidarlo. zorro — Los hombres han olvidado esta verdad, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable de lo que domesticas para siempre. principito — Soy responsable de mi flor. Dijo el principito para no olvidarlo.

El principito entendió entonces que su flor era única en el mundo. Las rosas que vio están vacías, nadie puede morir por ellas porque nadie las ha domesticado ni ellas han domesticado a nadie. principito — Adiós. zorro — Adiós.

Parte 6: el último día del principito

El día 8 el principito terminó de contarme sus aventuras, mientras bebía mi última gota de agua. yo — ¡Ah! Tus recuerdos son muy lindos, pero no he reparado mi avión todavía y no queda agua. El principito empezó a decir algo sobre el zorro, pero le interrumpí preocupado: yo — Nos vamos a morir de sed. principito — Bueno, si vamos a morir, es bueno haber tenido un amigo. Yo estoy contento porque he tenido a mi amigo el zorro.

No mide el peligro, pensé. Jamás tiene hambre ni sed. Le basta con un poco de sol. El principito me miró y me dijo, como si me hubiera leído el pensamiento: principito — Vamos a buscar un pozo. Pensé que no tiene sentido buscar un pozo al azar por todo el desierto, pero no dije nada y nos pusimos en marcha. 84 Caminamos durante horas. Se hizo de noche y las estrellas empezaron a brillar. Miraba las estrellas como en un sueño.

Sentía fiebre a causa de la sed. El principito estaba cansado y se sentó en la arena. Me senté junto a él. Después de un silencio, dijo: principito — Las estrellas son bellas porque en una de ellas hay una flor que no vemos. El desierto también es bello, porque en algún sitio está escondido un pozo. La verdad es que siempre me ha gustado el desierto. No se ve nada. No se oye nada. Pero algo destaca y reluce en su interior.

El principito tiene razón, lo que nos hace bellos es invisible para los ojos. El principito se quedó dormido. Lo tomé en mis brazos y seguí caminando. Estaba emocionado. Me parecía cargar con una frágil llama. Me parecía que no había nada más frágil sobre la Tierra.

Hay que cuidar las llamas, una ráfaga de viento las puede apagar. Al amanecer, encontré el pozo. 86 El principito bebió con sus manos y me dijo: principito — Este agua es buena para el corazón. Yo entendí lo que quería decir: el agua había nacido del camino bajo las estrellas, del esfuerzo de mis brazos. principito — Tienes que cumplir tu promesa. Dibújame un bozal para mi cordero. ¡Soy responsable de mi flor!

Yo le dibujé el bozal y se lo di. principito — ¿Sabes? Mañana hace un año que caí a la Tierra, muy cerca de aquí. yo — ¡Ah! Entonces no te paseabas por el desierto. Volvías al punto de partida, ¿verdad? El principito nunca contestaba una pregunta, pero enrojeció y eso significa sí. El principito — Ahora tú tienes que reparar tu avión. Debes volver. Te espero aquí mañana por la tarde. Me contestó el principito.

Al día siguiente volví con el principito. Escuché que hablaba con alguien. Me extrañó porque no podía ver a nadie. El principito decía: principito — ¿Tienes buen veneno? ¿Estás seguro de no hacerme sufrir? Cuando me acerqué más, ¡di un brinco! El principito hablaba con una de esas serpiente amarillas con un veneno que te mata en medio minuto. Busqué mi revolver en el bolsillo, pero la serpiente me oyó y se escabulló entre las piernas.

Yo — ¿Qué historia es esta? ¿Ahora hablas con serpientes? principito — Estoy contento de que hayas reparado el avión. Puedes volver a casa. yo — ¿Cómo sabes que he reparado mi avión? principito — Yo también vuelvo hoy a mi casa, esta noche. El principito no contestó mi pregunta, pero empecé a entender lo que estaba pasando. Sentía que estaba pasando algo extraordinario. Abracé al principito con fuerza pero sabía que no podía hacer nada para retenerlo. principito — Te voy a hacer un regalo.

Dijo el principito y se echó a reir.  — ¡Ah! ¡Me gusta oír tu risa! principito — Pues justo esto será mi regalo. Yo — ¿Qué quieres decir? Algo extraordinario es algo muy especial, que no es para nada habitual. El principito — Las gentes tienen estrellas diferentes. Para unos, son guías en los viajes. Para otros, son lucecillas. Para los sabios, son problemas. Para mi hombre de negocios, son oro. Pero todas esas estrellas no hablan.

Cuando tú mires las estrellas, sabrás que yo estoy en una de ellas. Entonces, recordarás mi risa y mi risa estará en todas las estrellas. ¡Tú tendrás estrellas que ríen! Mi regalo para ti son estrellas que ríen. Y el principito se echó a reír otra vez.

Se estuvo riendo un buen rato imaginando cómo me mirarán mis conocidos cuando me ría delante de las estrellas. Cuando se hizo de noche, el principito se escabulló sin hacer ruido. Pero yo me di cuenta y fui tras él. principito — Has hecho mal en venir. Vas a sufrir, porque va a parecer que me muero. Yo no decía nada. Escabullirse quiere decir irse de un lugar con mucho disimulo para que no se note. 90 principito — Tienes que entenderlo.

Mi planeta está lejos y mi cuerpo es demasiado pesado. No puedo llevarlo conmigo. Yo seguía sin decir nada. principito — Desde mi planeta, por las noches yo también miraré las estrellas y pensaré en ti. Será divertido. El principito también se quedó en silencio y se puso a llorar. 91 Después de un rato, el principito me dijo: principito — Soy responsable de mi flor.

Es débil y yo tengo que protegerla. El principito se alejó de mí. Era el momento. Algo parecido a un relámpago se acercó a su tobillo. El principito no gritó, se quedó quieto un segundo y cayó en la arena suavemente. Ni siquiera hizo ruido.

Parte 7: seis años después.

Han pasado 6 años. Me encontraron unos camaradas y conseguí volver a casa. Estaba triste y les dije que era por el cansancio. Han pasado 6 años y ya me he consolado un poco. Al menos sé que el principito consiguió volver a su planeta porque al día siguiente no encontré su cuerpo. Han pasado 6 años desde que conocí al principito y esta es la primera vez que cuento esta historia. Por las noches me gusta oír las estrellas, ríen como el principito.

Me olvidé de dibujar la correa del bozal para el cordero del principito. A veces miro las estrellas y me preguntó si el cordero se habrá comido la flor.  Luego pienso ¡seguramente no! El principito es responsable de su flor. 94 Vosotros amáis al principito tanto como yo. Por eso sabéis que todo cambia en el universo si el cordero se come a la flor. ¡Y ninguna persona mayor entenderá esto nunca!

Para mí este es el paisaje más bello y más triste del mundo. Aquí fue donde el principito llegó a la Tierra y donde luego desapareció.

Mira este paisaje con atención. Así, si un día vas al desierto, podrás reconocerlo. Y si pasas por allí, por favor, espera un momento, justo debajo de la estrella. Si ves llegar a un niño con cabellos de oro, que ríe y no contesta cuando se le interroga, ¡Ya sabes quién es! Escríbeme en seguida para decirme que el principito ha vuelto.

Fin 

Esperamos que te haya gustado leer El principito Antoine de Saint- Antoine de Saint-Exupéry